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sábado, 17 de octubre de 2009

Respeto periodístico

A veces el periodismo puede ser un oficio de lo más ingrato. Lo que hace grande a mi profesión es que el reportero de turno un buen día tiene que entrevistar al Presidente del Gobierno y al siguiente a un gitano que acaba de apuñalar a otro. En eso consiste ni más ni menos nuestro trabajo, para bien o para mal. En adaptarse a las personas protagonistas de la noticia para contar lo que pasa en el mundo. Y que a nadie le quepa duda de que son esas personas las que aportan la citada ingratitud a la que aludía anteriormente.
El problema que tenemos los periodistas es que la labor mediadora que desempeñamos en nuestro ejercicio profesional no nos permite defendernos en el momento de los despropósitos, injurias y en ocasiones insultos a los que nos vemos sometidos. Imagino que a mis compañeros ganas de contestar no les faltan muchas veces. Cuando hay que preguntar a personajes que llevan con tan contumaz fanfarronería la bandera de la grosería, la desfachatez y la mala educación, es difícil morderse la lengua. Pero el estilo periodístico nos impide replicar. Se dice con frecuencia que los que descalifican a los demás delante de cámaras y micrófonos ya se descalifican solos, y parece que esa reseña deontológica no escrita sustenta nuestra moralidad, que debe estar por encima de las faltas personales y la tomadura de pelo que muchas veces padecemos.
Pues bien, viendo comportamientos recientes de tipejos desvergonzados que aparecen en los medios, me pregunto hasta qué punto los reporteros deben cerrar el pico cuando las declaraciones confunden la hipocresía más mezquina con la indecencia más lamentable hacia los demás. Porque a priori Francisco Camps, Presidente de la Generalitat Valenciana, y Diego Armando Maradona, seleccionador de fútbol de Argentina, pueden ser dos individuos tan dispares informativamente hablando como el Presidente del Gobierno y el gitano de mi ejemplo anterior (y perdón por la comparación, que siempre es odiosa). Pero si algo tienen en común los dos, es la frivolidad que emplean al hablar para defenderse de las preguntas o situaciones que les incomodan; cada uno en su estilo, rozando lo asqueroso.
Porque eso de que los periodistas se la chupemos a Maradona toda vez que superó la hecatombe que hubiera sido que su selección se quedara fuera del Mundial de Sudáfrica, es lo más bochornoso que he escuchado en los últimos meses en los medios. Toda la grandeza que tenía "El Pelusa" como futbolista es la chabacana impertinencia con la que trata a la prensa ahora. Los periodistas no tienen la culpa del mal juego de la Albiceleste, ni la necesidad de escuchar cómo su seleccionador suelta pestes cada vez que es acorralado en una rueda de prensa. Hacen su trabajo con el respeto que no les es devuelto.
Y porque sinceramente escuchar al señor Camps responder a las preguntas de la prensa con un socarrón "son ustedes muy amables, muy agradables", producen ganas de estallar y recordarle al President que los reporteros sólo cumplen su deber de interrogar a uno de los principales sospechosos de corrupción de la trama Gürtel. Menos ironías y más sentido de la responsabilidad y deferencia hacia unos honrados trabajadores que tienen más de agradables en su trato y buen hacer que algunos quizás mejor trajeados que ellos, que responden sin autocrítica, sin respeto y echando siempre balones fuera. Mira, parecido a como hace el equipo de Maradona.
En un día triste para el periodismo deportivo como hoy, despido mis reflexiones con el breve recuerdo a uno de los más grandes. Andrés Montes, jugón, descansa en paz y gracias por enseñarnos, entre otras muchas cosas, que la vida puede ser maravillosa.

viernes, 1 de febrero de 2008

Expertos en finanzas

El pasado jueves 24, después de registrar una de las mayores caídas de su historia, la Bolsa de Madrid pegaba un subidón. Para los ignorantes en materia económica -entre los que por supuesto yo me incluyo-, los informativos siempre intentan dar una explicación más cercana y comprensible de lo que está ocurriendo en los mercados, que la que suelen proporcionar los expertos en finanzas.
Por su parte, Iñaki Gabilondo, uno de los maestros del periodismo, se sinceró con su audiencia en Noticias Cuatro de una forma que me pareció simplemente genial. Sus primeras palabras de esa noche fueron sencillas, divertidas y sensatas, además de que estaban cargadas de una ironía que desde mi punto de vista es necesaria en este campo. Y es que los políticos y los "expertos en finanzas" nos meten a todos el miedo en el cuerpo con esto de la economía, cuando yo personalmente, quizás fruto de mi propia ignorancia, no lo sé; no noto ninguna diferencia de ahora a hace uno, dos o incluso tres años. Y mira que en ese tiempo sube y baja la Bolsa. Que nadie se pierda el vídeo.

martes, 27 de noviembre de 2007

El hombre-árbol

Hace justo una semana, el pasado martes 21, me quedaba alucinado con la contraportada del diario ABC, en la que aparecía un reportaje firmado por Federico Marín Bellón sobre un joven pescador indonesio de treinta y tantos años apodado el "hombre-árbol". Mirando la foto que acompañaba al texto no había lugar a dudas del porqué de ese sobrenombre. Dede, que así se llama el protagonista, padece una insólita enfermedad causada por la combinación de un papiloma bastante corriente y una anomalía genética de su organismo para poder combatirlo. Como su sistema inmunológico no es capaz de doblegar al virus, éste último genera en su piel una desproporcionada cantidad de verrugas que crecen a razón de cinco milímetros al mes y que confieren a Dede extremidades con aspecto similar a la corteza del tronco de un árbol.
El caso de este indonesio despertó el interés del dermatólogo estadounidense Anthony Gaspari [en la foto], quien tras descubrir a Dede por casualidad en un documental del Discovery Channel, decidió viajar hasta su aldea natal para tratar su dolencia e intentar ayudarle. Sumido en la más absoluta pobreza, abandonado por su mujer y al cuidado de dos hijos, Dede tiene dificultades para ganarse la vida mientras sus vecinos se burlan de su aspecto cada día y el crecimiento de sus raíces va poco a poco impidiéndole caminar correctamente. La única forma de poder subsistir consiste en exhibirse a los turistas en cuanto tiene ocasión, por unas míseras monedas, antes de que sea demasiado tarde y esté tan cansado que prefiera plantarse en algún solitario rincón de la selva para siempre y convertirse así definitivamente en árbol. Gaspari cree tener la solución. Solo necesitan ayuda de las empresas farmacéuticas y confiar en que el tratamiento dé sus frutos en unos meses. Quizás tras ese tiempo, Dede pueda volver a pescar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Periodismo en Periodismo

Ayer en mi clase de Derecho de la Información se inició un debate que acabó resultando mucho más interesante de lo que al principio parecía prometer. A decir verdad, aparentaba ser bastante nimio y terminó relevándose como algo atrayente y con una conclusión de fondo cuando menos inquietante. Esa conclusión, que la extraigo yo con razones creo que bastante fundadas, no es otra que la sensación de que en la carrera de Periodismo hay poca gente a la que de verdad le guste el periodismo, que lo amen, que crean en él. Pocas personas (no me atrevo a decir estudiantes) que consideren a nuestra profesión como el compendio de valores que la caracterizan de verdad y que la convierten en uno de los trabajos más bonitos y loables que desde mi punto de vista existen.
Para mi sorpresa había numerosos compañeros que consideraban programas como Aquí hay tomate, de Telecinco, como un ejemplo más de periodismo, justificándose en su seguimiento masivo como parte más de una perversión que vive nuestro futuro ejercicio profesional y que todo lo inunda. Esa perversión consiste en que para estas personas, el periodismo está muy mal considerado por culpa de quienes lo ejercen hoy en día y asolado por una especie de virus de manipulación y falseamiento de la realidad en el que todos caemos.
Mi intervención fue muy concisa: me niego a aceptar que sólo porque determinados medios y "profesionales" constituyan un claro ejemplo de lo que no se debe hacer, haya que meter a todo el mundo en el mismo saco y deducir que el periodismo está contaminado para siempre. Destesto generalizar porque se suele caer en el error. Qué hay de los excelentes profesionales que cada día convierten o han convertido a esta profesión en la que todos los de esa clase elegimos trabajar un buen día? Me negué a aceptar que los Iñaki Gabilondo, Mariano José de Larra, Bob Woodward o Carl Bernstein por citar algunos, aquellos que despertaron mi vocación por el periodismo y que me enseñaron sus verdaderos valores; sean apartados de nuestro modelo a seguir y puedan ser puestos, con todos mis respetos, al mismo nivel que Gran Hermano y los que lo hacen posible.
Más o menos de todo eso se habló en la clase. La última en decir algo fue una chica que había llegado al aula tan solo hora y media antes. Se dirigió a mí varias veces durante su intervención para criticar mi opinión alegando, por así decirlo, que pecaba de idealista y que lo que acababa de mencionar estaba muy bien, pero que en la realidad de la profesión no podía ser así porque los criterios de una línea editorial de una empresa periodística siempre se imponen. Ante este reproche inesperado tras el que la profesora dió por concluído el debate, me quedé con las ganas de preguntarle a esta chica si había oído hablar de la ética profesional, de la deontología que todos deberíamos poner en práctica hasta las últimas consecuencias, hasta la mismísima cláusula de conciencia que nos ampara constitucionalmente en casos como el que ella misma mencionó, con todo el orgullo personal que conlleve, para acabar con los malos hábitos que perjudican al periodismo.
Me mantengo en mi idea de que sin una actitud rebelde frente a este tipo de cosas, jamás podremos mejorar la situación en la que el sector está inmerso y así poder cambiar el mundo. Ciertamente ha sido decepcionante comprobar como en la facultad de Periodismo muchos de los futuros periodistas tiran piedras contra su propio tejado. "Este debate lo veo inútil porque nada va a cambiar", se llegó a decir. Desde cuándo un debate es inútil? Como me dijo un compañero posteriormente: "cada país tiene el periodismo que se merece". No le falta razón. Así nos va.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Contumacia en el error

Hoy he podido leer en el diario El País un artículo de opinión de uno de los periodistas especializados en política que más admiro personalmente. Josep Ramoneda, colaborador de este periódico y de la cadena SER, da carpetazo al asunto del 11-M tras la publicación de la sentencia del tribunal que juzgó el caso, con una intersante retrospectiva de los tres últimos años, en los que compara algunos de los aspectos principales de los atentados del 11-S y de los que vivimos en Madrid aquel fatídico 11 de marzo de 2004.
Enfrentando la visión y actuación de EE. UU. y de nuestro país en cada caso, tenemos que saber darnos todos cuenta de aquello en lo que nos equivocamos a la hora de afrontar una barbarie de estas características. Ni todo lo que ha hecho EE. UU. sirve de ejemplo, ni mucho menos todo lo que hemos realizado nosotros; pero al margen de ello una cosa sí está clara: la contumacia o insistencia en el error que propagan algunos sólo significa faltar al respeto a los millones de españoles que aquellos días primero lloramos una masacre y luego vivimos un engaño, el de gobernantes temerosos de las consecuencias políticas por descubrir toda la verdad antes de unas elecciones generales.
Nunca he oído a nadie coherente en este país decir que los terroristas hicieron perder esos comicios al Partido Popular. Los únicos que decidieron y seguirán decidiendo esa suerte somos los ciudadanos. Para mí afirmar e incluso insinuar lo contrario es, insisto, faltarnos a todos al respeto por menosprecio a nuestro criterio democrático. Hablar de conspiraciones inverosímiles y especialmente a partir de ahora tras el fallo judicial, es tomarnos a los españoles por tontos.
Éste es el enlace para poder leer el artículo de Josep Ramoneda, Contumacia en el error:
http://www.elpais.com/articulo/espana/Contumacia/error/elpporopi/20071101elpepinac_11/Tes