martes, 3 de agosto de 2010

Torontontera: una semana intensa

Hola a todos y muchas gracias por vuestras visitas al Manual, que me consta que son muchas. En especial le quiero dar las gracias a Patri y a Andrea por sus comentarios, que siempre me hacen una ilusion terrible. Gracias, chicas! :) Ayer llegue a Canada, estornude y ya ha pasado una semana desde que estoy en Toronto. Todavia me cuesta asimilarlo, pero es asi de drastico y breve; mas me da un suspiro. No se si el motivo es que he estado realmente ocupado con el trabajo o que lo he vivido de forma mas intensa que en la experiencia del verano anterior en Ottawa, pero ahi esta todo; condensado en mi retina con un halo de nostalgia algo incomodo por tempranero. Me aflige imaginar que en cuanto vuelva a estornudar ya habra pasado la segunda semana y asi sucesivamente. De verdad, confio en no acatarrarme.
Cambiando de tema, me da por pensar en que cualquier cosa es susceptible de poderse explicar en una frase. Por poner un ejemplo, la Biblia se podria resumir en "la historia de Dios". Por poner otro, la discografia de los Beatles se puede definir como "el origen de la musica moderna". Habra quien no este de acuerdo al cien por cien con semejante ocurrencia, pero pido un esfuerzo para que comprendais como puedo describiros Toronto en una entrada que no este renhida con el aburrimiento. Aviso: va de contrastes.
La ciudad es una Downtown donde la CN Tower y el Rogers Centre observan a los rascacielos de negocios al cobijo del lago Ontario. De ahi hacia el norte, como en la paleta de un pintor, tenemos trazado un abanico multicultural de barrios que oscilan entre la grandilocuencia hortera en tonos rojos del Chinatown, hasta la sobriedad azulada de Yorkville al norte, pasando desde la alegria verde del Little Italy district en el oeste, a la tristeza de los rincones perdidos de Gerrard St. en el este. Una mezcla de barrios donde respirar el dinero, como en Woodbine con la cercana brisa del mar y de las playas de Kew Beach, y donde husmear la pobreza, tal y como ocurre en Coxwell entre las casuchas en las que habitan en masa ciudadanos de origen indio. Toronto es, en suma, un crisol de culturas apelotonadas en una jungla de asfalto que quiere creerse importante y que aspira a ser la metropolis tipicamente estadounidense de un pais, Canada, bastante diferente como tal.
Y sobre todo, un lugar donde las distancias son enormes. Yo sin ir mas lejos vivo al lado del centro, esto es, lo creais o no, a unos 40min en transporte publico. Hora y media para recorrer la ciudad de punta a punta en metro. Atascos que ridiculizan cada manhana los que tenemos en Madrid. La calle Yonge, la mas larga del mundo, con casi 250km desde su nacimiento en los muelles al lado del Captain's John restaurant. Del fish & chips y la langosta cocida que se sirve en el puerto, al norte del continente americano entre arces y osos bajo naturaleza agreste. Todo seguido en linea recta. Ya os avise de que iba de contrastes.
Un saludo desde el otro lado del Atlantico.

miércoles, 28 de julio de 2010

Torontontera: aterrizaje en la ciudad

Hola a todos desde Toronto y bienvenidos a mi pequenho cuaderno de bitacora en mi segunda travesia canadiense, esta vez con singladura como punto de partida. En efecto ha sido un viaje eterno hasta decir basta, lleno de momentos de odisea, que antes de dejarme en Ontario me llevo en autobus la noche del domingo hasta Gijon, me tuvo maldurmiendo en un hostal sacado de cualquier pelicula ambientada a principios de siglo XX durante menos de cuatro horas, para volverme a meter en otro autobus rumbo al aeropuerto de Asturias, de alli a una escala frenetica en Paris y finalmente a Toronto. Por resumirlo: vuelos con retraso, esperas eternas y apenas tres horas de descanso en casi cuarenta y dos de trayecto desde que deje mi casa cociendose en el horno de Madrid. Homero se habria vuelto a inspirar conmigo.
La mejor noticia del viaje, ademas de que ya forma parte del pasado de mi vida, es que nadie perdio su equipaje y que todos llegamos sanos y salvos al pais de los arces. Eso y ver la costa de Groenlandia desde el cielo; una maravilla que me dejo con la boca abierta mientras mis ojos se perdian entre sus fiordos nevados. De momento llevo demasiado poco tiempo en una ciudad que solo conocia de una tarde como para contaros en profundidad, y ademas hay que sumar a la ecuacion que a diferencia de mis vivencias de Ottawa, aqui parece que voy a tener mas complicado acudir a los ordenadores para actualizar mi Manual. En cualquier caso conoceis mi tenacidad y prometo informaros de mis actos con tanta frecuencia como me sea posible. A vosotros, los que siempre estais ahi.
Gracias por vuestros primeros mails y comentarios que hicieron engordar considerablemente mis cuentas de correo y facebook. Os ire escribiendo personalmente uno a uno aunque para ello tenga que sacrificar horas de suenho. O bueno, mejor pensado, respecto al tema de dormir quizas por ahora no llegue a tanto. Lo consultare en unos dias con el senhor Jet Lag a ver que me dice.
Un abrazo muy grande con seis horas menos.

sábado, 17 de octubre de 2009

Respeto periodístico

A veces el periodismo puede ser un oficio de lo más ingrato. Lo que hace grande a mi profesión es que el reportero de turno un buen día tiene que entrevistar al Presidente del Gobierno y al siguiente a un gitano que acaba de apuñalar a otro. En eso consiste ni más ni menos nuestro trabajo, para bien o para mal. En adaptarse a las personas protagonistas de la noticia para contar lo que pasa en el mundo. Y que a nadie le quepa duda de que son esas personas las que aportan la citada ingratitud a la que aludía anteriormente.
El problema que tenemos los periodistas es que la labor mediadora que desempeñamos en nuestro ejercicio profesional no nos permite defendernos en el momento de los despropósitos, injurias y en ocasiones insultos a los que nos vemos sometidos. Imagino que a mis compañeros ganas de contestar no les faltan muchas veces. Cuando hay que preguntar a personajes que llevan con tan contumaz fanfarronería la bandera de la grosería, la desfachatez y la mala educación, es difícil morderse la lengua. Pero el estilo periodístico nos impide replicar. Se dice con frecuencia que los que descalifican a los demás delante de cámaras y micrófonos ya se descalifican solos, y parece que esa reseña deontológica no escrita sustenta nuestra moralidad, que debe estar por encima de las faltas personales y la tomadura de pelo que muchas veces padecemos.
Pues bien, viendo comportamientos recientes de tipejos desvergonzados que aparecen en los medios, me pregunto hasta qué punto los reporteros deben cerrar el pico cuando las declaraciones confunden la hipocresía más mezquina con la indecencia más lamentable hacia los demás. Porque a priori Francisco Camps, Presidente de la Generalitat Valenciana, y Diego Armando Maradona, seleccionador de fútbol de Argentina, pueden ser dos individuos tan dispares informativamente hablando como el Presidente del Gobierno y el gitano de mi ejemplo anterior (y perdón por la comparación, que siempre es odiosa). Pero si algo tienen en común los dos, es la frivolidad que emplean al hablar para defenderse de las preguntas o situaciones que les incomodan; cada uno en su estilo, rozando lo asqueroso.
Porque eso de que los periodistas se la chupemos a Maradona toda vez que superó la hecatombe que hubiera sido que su selección se quedara fuera del Mundial de Sudáfrica, es lo más bochornoso que he escuchado en los últimos meses en los medios. Toda la grandeza que tenía "El Pelusa" como futbolista es la chabacana impertinencia con la que trata a la prensa ahora. Los periodistas no tienen la culpa del mal juego de la Albiceleste, ni la necesidad de escuchar cómo su seleccionador suelta pestes cada vez que es acorralado en una rueda de prensa. Hacen su trabajo con el respeto que no les es devuelto.
Y porque sinceramente escuchar al señor Camps responder a las preguntas de la prensa con un socarrón "son ustedes muy amables, muy agradables", producen ganas de estallar y recordarle al President que los reporteros sólo cumplen su deber de interrogar a uno de los principales sospechosos de corrupción de la trama Gürtel. Menos ironías y más sentido de la responsabilidad y deferencia hacia unos honrados trabajadores que tienen más de agradables en su trato y buen hacer que algunos quizás mejor trajeados que ellos, que responden sin autocrítica, sin respeto y echando siempre balones fuera. Mira, parecido a como hace el equipo de Maradona.
En un día triste para el periodismo deportivo como hoy, despido mis reflexiones con el breve recuerdo a uno de los más grandes. Andrés Montes, jugón, descansa en paz y gracias por enseñarnos, entre otras muchas cosas, que la vida puede ser maravillosa.